LA EVALUACIÓN EN AMBIENTES VIRTUALES DE APRENDIZAJE
La evaluación es un instrumento para
promover el aprendizaje, concluye el texto de la unidad uno, cuando se refiere
a las particularidades de la evaluación en los entornos virtuales. Llega a esta
expresión-intención desde un recorrido que inicia con el acercamiento a los
conceptos educación, evaluación y los interrogantes qué, para qué, cómo y cuándo evaluar, quiénes evalúan y cómo
manejar los resultados.
Tiene la lectura en mención dos
fundamentos principales introductorios, la perspectiva de Rafael Flórez sobre la
educación, entendida como el proceso de inserción de los individuos en aras de
garantizar la reproducción social y cultural de las sociedades y, un segundo
pivote, la concepción de la educación en ambientes virtuales y su capacidad
para fomentar “la autogestión formativa, el trabajo en equipo en el
ciberespacio, la generación de procesos interactivos académicos mediados por la
acción dialógica”; además, destaca el rol esencial de la evaluación en el
proceso educativo, sugiriéndola como la guía que lo orienta, al contrastar la
intencionalidad con el resultado.
A continuación, constata cómo de los
agentes participantes en el proceso educativo, el educador asume el papel de
evaluador, de “juzgador”; el texto, también, hace explícita la inexistencia de
neutralidad en la evaluación y destaca la influencia de los valores y de los
intereses del evaluador. En este contexto, se acerca a algunas de las
definiciones que sobre el término en el ámbito educativo prevalecen, desde el
criterio cualitativo del experto, el contraste con los objetivos, la emisión de
juicios y la evaluación para la comprensión, con la inclusión de las
perspectivas de los otros actores del proceso educativo.
De otra parte, la evaluación se
clasifica desde diversas ópticas, complementarias, no excluyentes, no
exhaustivas; algunas de estas perspectivas: finalidad y función, extensión,
evaluador, momento de evaluación, criterio de comparación. De ahí, los variados
apelativos, evaluación sumativa, formativa, global, parcial, interna, externa,
autoevaluación, coevaluación, heteroevaluación, inicial, final, entre otros.
Cumple, entonces, sus propósitos, la
lectura panorámica de un tema de preocupación y trascendencia en el ámbito
pedagógico: sensibiliza en una temática esencial del aspecto educativo, resume
los enfoques teóricos y orienta a cuestionar la asepsia en las respuestas a los
interrogantes qué, para qué, cómo, cuándo, quiénes, en el contexto de la
evaluación.
No obstante,
más allá de estas
consideraciones, no se puede soslayar que el acto de evaluar implica emitir un
juicio, independientemente del ambiente o del contexto educativos. Entonces el
llamado es a asumir una actitud no tradicional de la evaluación, en los entornos
virtuales, permitiendo que sea integral e integradora, democrática, continua,
permanente, con mecanismos de retroalimentación eficaz hacia el proceso
educativo, superando los paradigmas tradicionales de la educación presencial, partiendo
de referentes conceptuales que admitan convertirla en un instrumento de fomento
del aprendizaje.
LUIS ENRIQUE MAYORGA MOGOLLÓN, MD.
LA EVALUACIÓN EN UN ENTORNO VIRTUAL
LECTURA N° 2:
LA EVALUACIÓN EN UN ENTORNO VIRTUAL
Octavio Henao Álvarez Ph.D. - Profesor Universidad de Antioquia
Los ambientes virtuales de aprendizaje en la educación
superior exigen nuevas alternativas de evaluación. Tradicionalmente en esta
instancia educativa la evaluación se ha centrado en el recuerdo de información
y en la aplicación de conocimientos en contextos limitados, utilizando pruebas
de papel y lápiz u otras tareas académicas como el ensayo escrito. El interés
creciente de los académicos en lo que se ha denominado “evaluación alternativa”
refleja la insatisfacción con las formas tradicionales de evaluación y el deseo
de evaluar el logro de objetivos de nivel superior que involucren una
comprensión profunda y el uso activo de conocimientos en contextos reales y
complejos. A medida que los ambientes virtuales ganan espacio en la educación
superior crece la preocupación por las formas de evaluación. Según Reeves
(2000), los ambientes virtuales de aprendizaje ofrecen un potencial enorme para
mejorar la calidad de la evaluación académica tanto en la educación presencial
como a distancia.
Algunas predicciones señalan que en Estados Unidos
durante el año 2002 cerca de 2.000.000 egresados del bachillerato estarán
involucrados en experiencias de aprendizaje virtual. Los docentes
universitarios necesitan entrenamiento especial y ayuda técnica para
desarrollar e implementar métodos de evaluación virtual como las simulaciones
de alta fidelidad o los portafolios electrónicos. A medida que la enseñanza
universitaria de tipo virtual se expande, crece la percepción de la evaluación
como un asunto crítico. Algunas instituciones están tomando medidas radicales
para asumir estos retos de la evaluación. Por ejemplo, la Western Governors
University separa la distribución o entrega de materiales para los cursos (que
puede originarse en cualquiera de los muchos campus pertenecientes a la
organización localizados en 19 estados y territorios) del proceso de
evaluación, el cual maneja un Consejo de Evaluación ubicado en la ciudad de
Denver. Esta separación entre los procesos de evaluación e instrucción tal como
se hace en la WGU representa una tendencia preocupante para quienes piensan que
la evaluación debe estar articulada al proceso de enseñanza y manejada por los
docentes (Reeves, 2000).
Bien sea separada o integrada, cualquier alternativa
para mejorar la evaluación en un ambiente virtual debe tratar de alcanzar
niveles óptimos de “alineación”, sostiene Reeves (2000). Esta se evidencia
cuando la articulación entre los objetivos de aprendizaje, el contenido, el
diseño instruccional (especialmente las actividades que realizarán los
estudiantes), la competencia del instructor, las posibilidades tecnológicas, y
la estrategia de evaluación es lo más clara posible. Muchos de los problemas
que surgen cuando se introducen nuevas tecnologías en cursos universitarios
obedecen a esta falta de alineación. Por ejemplo, para un curso determinado se
diseña un sitio en la Red con un programa fácilmente actualizable, acceso a
recursos en-línea como revistas electrónicas, bases de datos en tiempo real,
conversaciones a través de un chat y acceso a grupos de discusión. El equipo de
docentes que ha desarrollado el curso puede sufrir una gran decepción al
evidenciar que los estudiantes no han utilizado los recursos tecnológicos
disponibles en la forma esperada. Es posible que los alumnos hayan percibido
falta de “alineación”, es decir no vieron una relación clara entre el uso de
estos recursos y las estrategias de evaluación y calificación del curso.
Por lo tanto canalizaron sus esfuerzos hacia otras
actividades de aprendizaje alineadas más claramente con la posibilidad de
obtener una buena nota, tales como leer los documentos o el libro del curso, o
estudiar las notas de clase. Usualmente los alumnos tratan de estudiar con
mayor atención aquellos aspectos del curso que consideran más claramente
alineados con la posibilidad de obtener una buena nota; por esto suelen hacer
ciertas preguntas, que a veces molestan a los profesores, como “¿tenemos que
saber esto?”, o “¿va a incluir esto en el exámen?”. Sería recomendable publicar
las respuestas a estas inquietudes en un sitio de la Red, haciendo explícita la
“alineación” o relación entre los procedimientos de evaluación y los objetivos,
métodos y estrategias del curso (Reeves, 2000).
La necesidad de mejorar la evaluación en los ambientes
virtuales de aprendizaje resulta también visible en la creciente demanda por
parte de la industria y el comercio para que sus empleados adquieran
habilidades intelectuales superiores, tales como capacidad de solucionar
problemas, o la capacidad de aprender en forma permanente, al igual que otros
conocimientos y destrezas más específicas.
Por ejemplo, www.Unext.com es una institución
educativa virtual con ánimo de lucro, que tiene varios premios Nobel entre su
equipo docente, la colaboración de prestigiosas instituciones como la
Universidad de Columbia, la Universidad de Stanford, la Universidad de Chicago
y la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, y ha invertido más de
un millón de dólares para desarrollar algunos de los cursos que ofrece. No
obstante, su población objetivo no son los estudiantes tradicionales de
pregrado o postgrado, sino trabajadores del conocimiento de grandes
corporaciones como IBM. Estos clientes esperan garantías de que, a cambio de la
inversión que hacen en este tipo de formación, sus trabajadores se desempeñen
mejor en el futuro. Obviamente, para asegurar tales resultados es crucial una
mejor evaluación.
Reeves (2000) sugiere tres formas de evaluación
alternativa en un ambiente virtual: 1) evaluación cognitiva, 2) evaluación por
desempeño, y 3) evaluación por carpetas.
La evaluación cognitiva se centra en habilidades
intelectuales de orden superior, actitudes y habilidades comunicativas, e
implica inevitablemente capacidades inferenciales. Una forma muy difundida de
evaluación cognitiva son los mapas conceptuales, una estrategia que permite a
los alumnos externalizar la relación que han establecido entre conceptos y
procesos de un dominio teórico, y revelar la estructura de su conocimiento.
Aunque no es directamente observable, el conocimiento
conceptual profundo puede inferirse del desempeño de los estudiantes en un
rango amplio de evaluaciones cognitivas. Otros medios de evaluación cognitiva
como las simulaciones de solución de problemas pueden integrarse en ambientes
de aprendizaje basados en la Red. Sin embargo, la evaluación cognitiva debe
utilizarse con cautela porque los alumnos pueden aprender a simular el
conocimiento conceptual repitiendo respuestas dadas previamente, en vez de
generar respuestas singulares a problemas nuevos. Los docentes pueden auspiciar
involuntariamente esta farsa sobre-enfatizando la necesidad de obtener
respuestas correctas, en vez de esforzarse en detectar los procesos de
pensamiento que los estudiantes utilizan para llegar a las respuestas. La
evaluación cognitiva se ubica en la línea que separa los procedimientos de
medición (exámenes) tradicionales sobre conocimientos de bajo nivel y las
escalas de medición altamente inferenciales (Reeves, 2000).
La evaluación del desempeño es un método que exige a
los alumnos demostrar sus capacidades en forma directa creando algún producto o
involucrándose en alguna actividad. Este tipo de evaluación se centra en la
capacidad de aplicar conocimientos, destrezas y juicios en contextos reales
inusuales o desconocidos, mientras que las pruebas o exámenes tradicionales
miden principalmente el conocimiento pasivo que puede ser revelado a través de
unos pocos estímulos artificiales. Los atributos claves de la evaluación por
desempeño son: 1) se centra en un aprendizaje complejo, 2) implica pensamiento
de orden superior y destreza en la solución de problemas, 3) estimula un rango
amplio de respuestas activas, 4) comporta tareas exigentes cuyo desarrollo
requiere múltiples etapas, 5) exige al estudiante mucho tiempo y esfuerzo
(Reeves, 2000).
En el contexto tradicional de educación superior, la
evaluación es un evento claramente separado de las actividades que apoyan la
enseñanza. Por ejemplo, en un curso de química los estudiantes presentan una
evaluación parcial, usualmente un examen elaborado con preguntas de selección
múltiple, después de haber asistido a cierto número de clases y laboratorios.
Una ventaja importante de los ambientes virtuales de aprendizaje es que
permiten incorporar discretamente las actividades de evaluación en la
estructura del programa, por ejemplo, a través de simulaciones multimediales interactivas.
Una simulación, por ejemplo de procesos evolutivos,
puede involucrar a los estudiantes en una serie de problemas cada vez más
complejos, proporcionándoles, además, guías detalladas y retroalimentación. El
computador puede rastrear los progresos en el desempeño del alumno frente a
diversas tareas o problemas, y proporcionar al docente información sobre su
rendimiento, al tiempo que utiliza estos mismos datos para ofrecer apoyo
didáctico adicional o remedial (Reeves, 2000).
La tercera alternativa para mejorar la evaluación en
los ambientes virtuales de aprendizaje es la “evaluación por carpetas”, un
método consistente en almacenar el trabajo del estudiante a lo largo de cierto
tiempo, de tal manera que pueda ser revisado con relación al proceso y al
producto. Las carpetas han sido ampliamente aceptadas como método de evaluación
en los campos del arte, la arquitectura y la ingeniería. Mientras que la
evaluación del desempeño usualmente se ha enfocado en soluciones y productos
terminados, las carpetas permiten a los docentes juzgar los avances parciales y
productos provisionales que han hecho parte del desarrollo de una tarea o curso
de estudio. Actualmente se pueden encontrar en Internet diversos sitios que
ofrecen recursos para apoyar el desarrollo y mantenimiento de carpetas
digitales ( www.folioone.com ).
La mayoría de los cursos universitarios siguen
dominados por la exposición oral del profesor, los textos, los exámenes y
muchos docentes realizan su labor bajo el supuesto de que pueden transmitir
conocimientos a unos estudiantes relativamente pasivos, y evaluar sus logros
con mediciones tradicionales. La evaluación tradicional es incapaz de revelar
la complejidad de los resultados de los ambientes virtuales de aprendizaje
centrados en el alumno, que son radicalmente diferentes a un modelo didáctico
centrado en el docente. Evaluar resultados de orden superior, desempeños y
carpetas en ambientes interactivos de aprendizaje es un desafío grande que debe
asumirse con cuidado. La importancia creciente de los diseños alternativos de
instrucción, los logros cognoscitivos de orden superior, y el uso de nuevas
tecnologías en la educación universitaria conlleva la necesidad de desarrollar
métodos alternativos de evaluación (Reeves, 2000).
En un entorno virtual, el aprendizaje de los alumnos
puede ser monitoreado a través de pruebas o exámenes interactivos. Los docentes
pueden devolver los resultados por correo, o colocar las notas en la página del
curso. La retroalimentación inmediata a los resultados de los exámenes puede
ser programada en los sitios de la Red para reforzar el aprendizaje de los
estudiantes, y corregir rápidamente sus errores.
Los instructores suelen preguntarse cómo pueden estar
seguros de que el estudiante que responde una prueba a través de la Red es el
mismo que se registró en el curso, y si lo está respondiendo sin ayuda de
otros. Como no es fácil lograr esta certeza, los docentes deben ser recursivos,
por ejemplo, utilizando secuencias de pruebas que se vayan complementando entre
sí a lo largo del semestre (Berge, Collins, y Dougherty, 2000).
Palloff y Pratt (2001) sostienen que la evaluación en
un ambiente de aprendizaje virtual es parte del proceso, está incrustada en las
actividades didácticas, en las interacciones de los alumnos y el docente, en
las acciones que comparten los mismos alumnos. En un ambiente académico de
colaboración y reflexión, la evaluación del desempeño y del progreso de los
estudiantes no es una responsabilidad sólo del docente. Los alumnos comentan el
trabajo de los otros, se retroalimentan las tareas, y se autoevalúan. Al final
del curso envían por correo una evaluación descriptiva del desempeño de sus
compañeros y del propio. El docente utiliza esta información, junto con sus
evaluaciones cuantitativas y cualitativas del desempeño de los alumnos en las
tareas y discusiones, para decidir un concepto evaluativo final.
Según estos mismos autores, los exámenes no son la
mejor herramienta para medir el desempeño académico en un entorno virtual. Por
lo general este tipo de pruebas no evalúan ciertas dimensiones del aprendizaje
como la capacidad de análisis, el pensamiento crítico, el conocimiento
contextualizado, o aplicado en situaciones nuevas. Además, la práctica de los exámenes
suscita inquietudes sobre posibles trampas. En un ambiente de aprendizaje
colaborativo este tipo de preocupaciones son irrelevantes, pues los alumnos
aprenden entre ellos, y conjuntamente construyen niveles más altos y
significativos de conocimiento.
La evaluación no debe ocuparse sólo del desempeño y
logros de los alumnos. Un componente importante del proceso de
enseñanza-aprendizaje virtual es la evaluación continua del curso. Los docentes
deben ofrecer medios a los alumnos para que expresen sus opiniones sobre los
objetivos, los contenidos, los procedimientos, y los resultados del curso. Esta
evaluación no es una medida de la aceptación del docente al finalizar el curso;
es parte de la dinámica del proceso.
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